La vida de nuestro bebé tiene varias etapas, y una de ellas, por no decir la principal, es el momento en que pasa de los potitos a la comida sólida. Instante clave en su desarrollo. Pues pasar de la leche y los líquidos a los alimentos sólidos no puede hacerse de golpe y debe realizarse con sumo cuidado.

Ampliar el tipo de nutrientes de nuestro bebé será fundamental para su crecimiento en la siguiente etapa, y empezar a adaptarlo a masticar un elemento clave para su desarrollo (incluso neurológico). Aquí repasamos algunos tipos y pasos para llevar a cabo el cambio de forma sencilla para todos.

Cuando nuestro bebé empieza a masticar

Cuando nuestro bebé ha cumplido los seis meses, llega nuestro momento: entonces será cuando introduzcamos los primeros alimentos semisólidos (verduras, por ejemplo). Será una introducción lenta y progresiva, pues es posible que al principio le cueste un poco.

De hecho, empezar a masticar supone todo un esfuerzo para los bebés: deben coordinar el movimiento de la boca con el arte de tragar, automatismo nada sencillo que hay que desarrollar adecuadamente.

La paciencia es fundamental en la transición

Ayuda a tu bebé con pequeñas cosas. Por ejemplo, cortando la comida en pedacitos muy pequeños, de tal manera que el proceso no se le haga cuesta arriba. Ya irás aumentando el tamaño de los pedazos de comida con el tiempo. Lo esencial es que la introducción pase prácticamente inadvertida en la dieta, y que pronto el bebé se acomode a ella.

Todo el proceso debería durar unos seis meses (para que te hagas una idea de la paciencia que necesitas y de qué nivel de gradualidad y lentitud hay que ponerle al proceso). Siempre, ante cualquier problema o anomalía, puedes consultar con el pediatra o con un logopeda, quienes sabrán comprender bien qué le ocurre al bebé y cómo encauzarlo.